Miles de días, cientos de semanas, decenas de meses, siete años...Han hecho falta siete largos años para escuchar, por fin, la sentencia del Tribunal Constitucional que avala definitivamente el Matrimonio Igualitario.
Fue allá por verano del 2005 cuando el Congreso de los Diputados de España hizo historia, modificando el Código Civil y reconociendo el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Muchos y muchas recordaremos, por siempre, las espectaculares intervenciones de diputados y diputadas del arco parlamentario de izquierdas que, con conocimiento y convencimiento, salieron a la palestra a luchar por nuestros derechos, los derechos por los que el movimiento LGTB español ha luchado durante tanto tiempo y con tanto tesón.
Este país siempre ha sido tachado de retrógrado, de cañí, de brazo armado de la Iglesia Católica, y de muchas otras cosas...Gran parte de dichos prejuicios se corresponden, por desgracia, con la realidad. Pero, a veces, sólo a veces, los sueños superan y modifican la realidad.
La consecución del matrimonio igualitario no es, ni muchísimo menos, nuestro fin último ni nuestro objetivo más ambicioso. No implica la igualdad social, ni tampoco la legal de forma plena pero, sin duda alguna, supuso un paso fundamental y muy simbólico.
Especialmente simbólico para los sectores más conservadores de este país, que veían cómo la falacia homófoba empezaba a flaquear y a perder peso progresivamente en el imaginario social. Las encuestas, las series de televisión, las tertulias televisivas, las discusiones de cafetería...Todos los espacios se vieron inmersos en el debate sobre nuestra igualdad.
Y es que, aunque sabíamos que nos quedaba muchísimo por lograr, habíamos hecho un enorme 'sprint', una espectacular carrera de visibilidad pública que comenzó a soliviantar siglos de invisibilidad y represión.
Pero no todo era un camino de rosas y, el bien denominado 'recurso de la vergüenza', llegó. Más de 70 diputados y diputadas del Partido Popular presentaron un recurso de inconstitucionalidad ante la Ley del Matrimonio Igualitario.
Les daba igual los argumentos del resto de grupos parlamentarios (salvo Unió), les daba igual lo que dijeran los colectivos LGTB, les daba igual la opinión de expertos (salvo la del muy dudoso experto Aquilino Polaino), les daba igual el creciente apoyo social, etc. Lo único que les importó fue contentar a la derecha cavernaria, a quienes se oponían a que la igualdad y los derechos prosperasen, a los homófobos.
Siguieron pasando los años, y todo les siguió dando igual. Nos manifestamos numerosas veces, nos reunimos con ellos, ¡hasta en sus propias filas hubo disidencias internas!, y de nada sirvió. Pero sabían que iba a llegar el momento en el que el Tribunal Constitucional se pronunciase, aunque no tenían claro cual sería el resultado, por lo menos en aquel entonces.
La fiereza de sus iniciales argumentos 'naturistas' se transformó en una hipócrita discusión semántica en torno al dilema 'matrimonio vs unión civil', para dar lugar, finalmente, a un angustioso (para nosotras y nosotros, para ellos precavido) silencio.
Tuvieron siete años para retirarlo, y no lo hicieron. Ahora que hemos sido avalados constitucionalmente, tienen el deber de pedir disculpas, pero no lo harán. Saben que, en el fondo, el TC les ha quitado un marronazo de encima, pero tienen que contentar al 'búnker' y a la Conferencia Episcopal, por lo que se ampararán en la pluralidad de opiniones internas para tratar de contentar a los suyos. Allá ellos, pues la historia les pondrá en su lugar.
En cualquier caso, quiero acabar mis reflexiones con un espíritu proactivo, por lo que reconduzco el tema: nuestros derechos. La semana pasada es, para muchos y muchas, un momento de inflexión en el movimiento LGTB español y, probablemente, mundial. Hemos cerrado una etapa, acabado un capítulo, finalizado un ciclo.
Nos espera por delante la verdadera lucha, la lucha por la igualdad social plena, la lucha por la diversidad en las calles, en las aulas, en los pueblos, en los despachos, en todos los hogares... Nos queda elaborar una potente y ambiciosa agenda 'post-matrimonio' que demuestre la legitimidad de nuestra lucha, que es la de los Derechos Humanos.
El cambio general se está produciendo, lo estamos viendo ya. La sociedad requiere más cambios, más reformas, y el activismo por la diversidad afectivo-sexual tiene mucho que aportar en el constante cambio social. Sólo digo una cosa: prepárense, porque venimos con muchas ganas, mucha fuerza, muchas ideas y muchas reivindicaciones. El arcoíris tiene aún mucha luz que aportar...




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