Dice un famoso dicho de la ciudad que tiene una Catedral en las entrañas de una Mezquita, como es Córdoba, que el cordobés es aquel que “pregunta lo que ve”. Hoy no quiero preguntaros lo que veo, sino lo que siento cada vez que llega ese mes llamado mayo, y las puertas de los Patios cordobeses abren para rendir tributo a la luz, los colores y los olores de la primavera.
L@s cordobes@s vivimos un menú completo de sentimientos por
esta festividad. Un menú que se componen por varios de los sentimientos de una
carta, en la que para pedir, solo hay que tener los pies en las calzadas de
algunos de los históricos barrios en donde se localizan los patios, como San
Basilio o Santa Marina. Para empezar, el primer plato de este menú es la
ilusión con reencuentro. Un plato, que para l@s cordobes@s, lo disfrutamos como
si fuéramos protagonistas de ese famosísimo spot de turrones. Esperamos a mayo
en general, es nuestro mes por antonomasia, pero en nuestro calendario, el día
de apertura al público de los Patios está señalado en rojo e incluso con luces,
como si fuera un cartel publicitario en Times Square, la intersección más
conocida del mundo en la ciudad de “La aurora” de García Lorca. Es el día más
esperado por muchos. Es el reencuentro esperado por muchos como esa visita
de ese alguien al que extrañamos porque vive fuera, y que, a veces, nos da la
motivación suficiente para seguir adelante. Si cambiamos lo de vive fuera, por
vive en nuestra ciudad, es la definición perfecta para esta descripción de esta
ilusión. Hay que reconocer que para muchos se queda soso este primer plato y lo
mezclan con el entusiasmo. Un entusiasmo que hacen llevar a ciertas personas a
tener un sentimientos de ‘fan adolescente’ de un/a cantante intentando querer
entrar al backstage para conocerle en
persona, pero en este caso, para conocer un patio, días antes de la apertura
oficial.
Como cualquier menú, hay que esperar para que venga el
segundo plato. Todo buen restaurante tiene demanda, y en este restaurante, este
menú llamado Patios, arrasa. El periodo de la fiesta se ha abierto, pero una
cosa es abrir y otra es entrar. Los patios atraen a muchas personas de muchos
lugares del mundo, e incluso antes de que abran las puertas de las casas que
acogen estos patios ya hay colas para entrar. Pero la espera siempre vale la pena en este menú. Cuando se rebasa la puerta del patio, ya se empieza a
degustar el segundo plato, admiración con un toque boquiabierto. Es un momento
en que te quedas asombrado gracias a las vistas que contemplas en ese entorno
de hospitalidad y simpatía. Una armonía de cinco sentidos que hace que los
pelos se pongan de punta, al ver la luz del sol de mayo enfocando a gitanillas y
demás, además de los elementos arquitectónicos, con su olor a primavera y festividad, oyendo a los pájaros volar
piando, saboreando una dulce limonada de elaboración propia por cortesía de los
propietarios del patio. Un plato que al saborearlo hace que podamos llegar al
nirvana espiritual, con el que puedes quedarte sin reaccionar durante un buen
tiempo. La admiración no termina cuando reaccionas de ese nirvana gracias a esa
armonía. La admiración continúa cuando te encuentras con el camarero de este
servicio, los cuidadores de los patios. Sin ellos, nunca se podrían servir este
menú. Sin ellos, esta festividad ya se hubiera perdido en el olvido. Sin ellos,
los patios no serían los Patios.
El menú esta a punto de terminarse. Sólo falta el último
plato, orgullo y responsabilidad. Es una mezcla de dulce y frio. Se saborea el
orgullo de que los Patios que desde pequeños visitas con tu familia sigan
existiendo, y que con ello, Córdoba se ponga su traje de fiesta más bonito con
flores, colorido y estilo propio. Pero algo frio, porque también hay que
reflexionar. Este menú de sensaciones necesita mucho apoyo y ayuda por parte de
todos. Todos tenemos que colaborar para que la conservación de este menú sea
para toda la vida y para muchas generaciones próximas, alejarla de la
exclusividad de la explotación turística e incluso mimar un poquito más a los
camareros de este menú, llamados cuidadores.
Este menú de sentimientos llamado Fiesta de los Patios en
Córdoba acaba de recibir la inclusión en la lista de Patrimonio Cultural
Inmaterial de la Humanidad por fomentar el encuentro de la cultura de todo el mundo
a través de la cultura y las tradiciones. Con este post os he querido expresar
todo lo que siento como cordobés al vivir este ‘menú’, pero que os lo exprese
no vale. Lo que vale es que lo degustéis vosotros. Por si queréis os dejo la
dirección, Córdoba en el mes de Mayo.


