viernes, 7 de diciembre de 2012

El que siente lo que ve.



Dice un famoso dicho de la ciudad que tiene una Catedral en las entrañas de una Mezquita, como es Córdoba, que el cordobés es aquel que “pregunta lo que ve”. Hoy no quiero preguntaros lo que veo, sino lo que siento cada vez que llega ese mes llamado mayo, y las puertas de los Patios cordobeses abren para rendir tributo a la luz, los colores y los olores de la primavera. 

L@s cordobes@s vivimos un menú completo de sentimientos por esta festividad. Un menú que se componen por varios de los sentimientos de una carta, en la que para pedir, solo hay que tener los pies en las calzadas de algunos de los históricos barrios en donde se localizan los patios, como San Basilio o Santa Marina. Para empezar, el primer plato de este menú es la ilusión con reencuentro. Un plato, que para l@s cordobes@s, lo disfrutamos como si fuéramos protagonistas de ese famosísimo spot de turrones. Esperamos a mayo en general, es nuestro mes por antonomasia, pero en nuestro calendario, el día de apertura al público de los Patios está señalado en rojo e incluso con luces, como si fuera un cartel publicitario en Times Square, la intersección más conocida del mundo en la ciudad de “La aurora” de García Lorca. Es el día más esperado por muchos. Es el reencuentro esperado por muchos como esa visita de ese alguien al que extrañamos porque vive fuera, y que, a veces, nos da la motivación suficiente para seguir adelante. Si cambiamos lo de vive fuera, por vive en nuestra ciudad, es la definición perfecta para esta descripción de esta ilusión. Hay que reconocer que para muchos se queda soso este primer plato y lo mezclan con el entusiasmo. Un entusiasmo que hacen llevar a ciertas personas a tener un sentimientos de ‘fan adolescente’ de un/a cantante intentando querer entrar al backstage para conocerle en persona, pero en este caso, para conocer un patio, días antes de la apertura oficial.

Como cualquier menú, hay que esperar para que venga el segundo plato. Todo buen restaurante tiene demanda, y en este restaurante, este menú llamado Patios, arrasa. El periodo de la fiesta se ha abierto, pero una cosa es abrir y otra es entrar. Los patios atraen a muchas personas de muchos lugares del mundo, e incluso antes de que abran las puertas de las casas que acogen estos patios ya hay colas para entrar. Pero la espera siempre vale la pena en este menú. Cuando se rebasa la puerta del patio, ya se empieza a degustar el segundo plato, admiración con un toque boquiabierto. Es un momento en que te quedas asombrado gracias a las vistas que contemplas en ese entorno de hospitalidad y simpatía. Una armonía de cinco sentidos que hace que los pelos se pongan de punta, al ver la luz del sol de mayo enfocando a gitanillas y demás, además de los elementos arquitectónicos, con su olor a primavera y  festividad, oyendo a los pájaros volar piando, saboreando una dulce limonada de elaboración propia por cortesía de los propietarios del patio. Un plato que al saborearlo hace que podamos llegar al nirvana espiritual, con el que puedes quedarte sin reaccionar durante un buen tiempo. La admiración no termina cuando reaccionas de ese nirvana gracias a esa armonía. La admiración continúa cuando te encuentras con el camarero de este servicio, los cuidadores de los patios. Sin ellos, nunca se podrían servir este menú. Sin ellos, esta festividad ya se hubiera perdido en el olvido. Sin ellos, los patios no serían los Patios.

El menú esta a punto de terminarse. Sólo falta el último plato, orgullo y responsabilidad. Es una mezcla de dulce y frio. Se saborea el orgullo de que los Patios que desde pequeños visitas con tu familia sigan existiendo, y que con ello, Córdoba se ponga su traje de fiesta más bonito con flores, colorido y estilo propio. Pero algo frio, porque también hay que reflexionar. Este menú de sensaciones necesita mucho apoyo y ayuda por parte de todos. Todos tenemos que colaborar para que la conservación de este menú sea para toda la vida y para muchas generaciones próximas, alejarla de la exclusividad de la explotación turística e incluso mimar un poquito más a los camareros de este menú, llamados cuidadores. 

Este menú de sentimientos llamado Fiesta de los Patios en Córdoba acaba de recibir la inclusión en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por fomentar el encuentro de la cultura de todo el mundo a través de la cultura y las tradiciones. Con este post os he querido expresar todo lo que siento como cordobés al vivir este ‘menú’, pero que os lo exprese no vale. Lo que vale es que lo degustéis vosotros. Por si queréis os dejo la dirección, Córdoba en el mes de Mayo.


martes, 13 de noviembre de 2012

Amar ya es constitucional


Miles de días, cientos de semanas, decenas de meses, siete años...Han hecho falta siete largos años para escuchar, por fin, la sentencia del Tribunal Constitucional que avala definitivamente el Matrimonio Igualitario.

Fue allá por verano del 2005 cuando el Congreso de los Diputados de España hizo historia, modificando el Código Civil y reconociendo el matrimonio entre personas del mismo sexo. Muchos y muchas recordaremos, por siempre, las espectaculares intervenciones de diputados y diputadas del arco parlamentario de izquierdas que, con conocimiento y convencimiento, salieron a la palestra a luchar por nuestros derechos, los derechos por los que el movimiento LGTB español ha luchado durante tanto tiempo y con tanto tesón. 

Este país siempre ha sido tachado de retrógrado, de cañí, de brazo armado de la Iglesia Católica, y de muchas otras cosas...Gran parte de dichos prejuicios se corresponden, por desgracia, con la realidad. Pero, a veces, sólo a veces, los sueños superan y modifican la realidad. 

La consecución del matrimonio igualitario no es, ni muchísimo menos, nuestro fin último ni nuestro objetivo más ambicioso. No implica la igualdad social, ni tampoco la legal de forma plena pero, sin duda alguna, supuso un paso fundamental y muy simbólico. Especialmente simbólico para los sectores más conservadores de este país, que veían cómo la falacia homófoba empezaba a flaquear y a perder peso progresivamente en el imaginario social. Las encuestas, las series de televisión, las tertulias televisivas, las discusiones de cafetería...Todos los espacios se vieron inmersos en el debate sobre nuestra igualdad. Y es que, aunque sabíamos que nos quedaba muchísimo por lograr, habíamos hecho un enorme 'sprint', una espectacular carrera de visibilidad pública que comenzó a soliviantar siglos de invisibilidad y represión. 

Pero no todo era un camino de rosas y, el bien denominado 'recurso de la vergüenza', llegó. Más de 70 diputados y diputadas del Partido Popular presentaron un recurso de inconstitucionalidad ante la Ley del Matrimonio Igualitario. Les daba igual los argumentos del resto de grupos parlamentarios (salvo Unió), les daba igual lo que dijeran los colectivos LGTB, les daba igual la opinión de expertos (salvo la del muy dudoso experto Aquilino Polaino), les daba igual el creciente apoyo social, etc. Lo único que les importó fue contentar a la derecha cavernaria, a quienes se oponían a que la igualdad y los derechos prosperasen, a los homófobos.

Siguieron pasando los años, y todo les siguió dando igual. Nos manifestamos numerosas veces, nos reunimos con ellos, ¡hasta en sus propias filas hubo disidencias internas!, y de nada sirvió. Pero sabían que iba a llegar el momento en el que el Tribunal Constitucional se pronunciase, aunque no tenían claro cual sería el resultado, por lo menos en aquel entonces. La fiereza de sus iniciales argumentos 'naturistas' se transformó en una hipócrita discusión semántica en torno al dilema 'matrimonio vs unión civil', para dar lugar, finalmente, a un angustioso (para nosotras y nosotros, para ellos precavido) silencio. 

Tuvieron siete años para retirarlo, y no lo hicieron. Ahora que hemos sido avalados constitucionalmente, tienen el deber de pedir disculpas, pero no lo harán. Saben que, en el fondo, el TC les ha quitado un marronazo de encima, pero tienen que contentar al 'búnker' y a la Conferencia Episcopal, por lo que se ampararán en la pluralidad de opiniones internas para tratar de contentar a los suyos. Allá ellos, pues la historia les pondrá en su lugar. 

En cualquier caso, quiero acabar mis reflexiones con un espíritu proactivo, por lo que reconduzco el tema: nuestros derechos. La semana pasada es, para muchos y muchas, un momento de inflexión en el movimiento LGTB español y, probablemente, mundial. Hemos cerrado una etapa, acabado un capítulo, finalizado un ciclo. Nos espera por delante la verdadera lucha, la lucha por la igualdad social plena, la lucha por la diversidad en las calles, en las aulas, en los pueblos, en los despachos, en todos los hogares... Nos queda elaborar una potente y ambiciosa agenda 'post-matrimonio' que demuestre la legitimidad de nuestra lucha, que es la de los Derechos Humanos. 

El cambio general se está produciendo, lo estamos viendo ya. La sociedad requiere más cambios, más reformas, y el activismo por la diversidad afectivo-sexual tiene mucho que aportar en el constante cambio social. Sólo digo una cosa: prepárense, porque venimos con muchas ganas, mucha fuerza, muchas ideas y muchas reivindicaciones. El arcoíris tiene aún mucha luz que aportar...